Lean el post por favor! asi nos ahorramos un monton de tiempo:)

¡Importante!

Hola! Como  están  pequeños? Es muy importante que lean esto, MUY IMPORTANTE! NO ES BROMA SUPER, MEGA IMPORTANTE No se si lo han notado, p...

20/1/15

Novedades:¡Adelanto de Zero,Zip,Zich de Tammy Falkner!


Holaa amigos! Como han estado? Como sabrán soy una gran seguidora de la Serie The  Reed Brothers, acá tenemos un adelanto de Zero,Zip,Zich cortesía de Simply Books, lo obtuve de un blog que sigo,Bookadictas.













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1 Capitulo

Peck

Mi teléfono zumba y lo ignoro. Es sólo una de mis hermanas.
El chico en la cabina de sonido me lanza una mirada sucia. Estoy trabajando en una canción para el nuevo álbum, porque quiero ver cómo suenan algunos nuevos golpes mezclados con nuestra nueva canción. Él golpea un botón. —¿Necesitas tomar un descanso? —pregunta.
Niego con la cabeza y sigo tocando. Toco la batería para una banda, y no tengo tiempo para detenerme ahora mismo. Cualquier cosa que mis hermanas tengan que decirme puede esperar hasta que haya terminado aquí.



Mi teléfono retumba de nuevo.
—Vamos a dejarlo hasta aquí, ¿de acuerdo? —dice él desde la cabina.
A veces es un infierno tener cuatro hermanas. Y a veces es impresionante. Ahora mismo estoy molesta. Agarro mi teléfono, pero en lugar de contestar, lo meto en mi bolsillo.
Salgo de la zona de sonido y me siento al lado del ingeniero de grabación. —Déjame escuchar un momento, ¿quieres? —Doy golpecitos con mis baquetas ligeramente sobre la mesa mientras hablo.
Él lo mezcla todo, y la música sale del auricular que me da. Me gusta. Me gusta mucho. Le sonrío y asiento.
Me devuelve la sonrisa. —Es mejor —dice—. Tenías razón. —Sacude la cabeza.
—No pareces muy feliz por eso —bromeo. Me saco el auricular y lo pongo sobre el mostrador. Paso una mano por mi rostro.
Mi teléfono suena de nuevo, justo cuando se abre la puerta. La cual vuela, golpeando con fuerza contra la pared. Me levanto cuando mi hermana Lark se desliza en la habitación.
—Oh, Dios mío, he estado tratando de llamarte por una hora —espeta. Se dobla por la cintura, tratando de recuperar el aliento. Se pone de pie, apretando una mano a su costado.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—No puedo respirar —jadea. Levanta un dedo—. Escaleras. —Inhala aire.
Uno de sus guantes se desliza por la muñeca, y ahí es cuando me doy cuenta de lo serio que es esto. Lark nunca se quita los guantes. Nunca deja que nadie vea sus manos o brazos. Jamás. Durante mucho tiempo, pensé que sólo era una rarita de los gérmenes —hasta que descubrí la verdad. Pero el hecho de que acaba de dejar que su guante se deslice me dice mucho. —¿Murió alguien? —pregunto.
Ella asiente. Pero luego niega con la cabeza. Luego vuelve a asentir.
—¡Oh, Dios mío! —Me tapo la boca con la mano—. ¿Quién?
—Sam Reed —jadea.
Mi corazón se tambalea. Mi estómago se hunde y la oscuridad llena los rincones de mi visión.
—Emily acaba de llamar para decir que él estuvo en un accidente realmente malo. Están todos en su camino de regreso de la playa para ir al hospital.
Me hundo en una silla. —¿Y él murió? —¿Cómo pudo hacerlo? Tenemos asuntos pendientes.
Agita una mano en el aire. —No, no, todavía no.
Me levanto de un salto. —Entonces, ¿por qué demonios me dijiste que estaba muerto?
—¡En ese momento, estaba tratando de respirar! —grita de vuelta—. ¡No es mi culpa que lo entendieras mal!
La puerta se abre de nuevo y otra de mis hermanas entra en la habitación. Por fin. Alguien que puede darle sentido a esto.
—Emily acaba de llamar de nuevo —dice Wren—. Ellos acaban de llegar al hospital y Sam está en cirugía. —Wren podría ser un desastre en el exterior, pero es muy calmada por dentro. Gracias a Dios.
Meto las baquetas en mi bolsillo trasero y me dirijo a la puerta.
—¿A dónde vas? —grita Wren a mi espalda.
No la espero. Paro un taxi y entro, mi corazón latiendo a un kilómetro por minuto. Sam está en el hospital. En cirugía. Dejé las cosas en un mal lugar la última vez que lo vi. Un muy mal lugar. No puedo soportar la idea de que esté herido y posiblemente muriendo sin saber realmente cómo me siento por él.

~*~

El taxi se detiene en las puertas de la Sala de Emergencias y salgo. Voy a la recepción, y me dicen dónde está la sala de espera para la cirugía, y me dirijo en esa dirección. —¿Eres uno de ellos? —me pregunta la señora de la recepción.
Levanto una ceja, porque no puedo calmar lo suficiente mis pensamientos para hablar.
—Hay un montón de ellos aquí por él. —La miro fijamente—. Su familia.
Oh sí. Hay un montón de Reeds, y todos ellos en un solo lugar pueden ser un poco intimidantes. Un montón de grandes hombres rubios tatuados. Como un buffet de testosterona y atractivo sexual, envueltos en bonita tinta.
Me detengo en la puerta de la sala de espera. Puedo escuchar el murmullo de voces masculinas y asomo la cabeza en la habitación. Los hermanos Reed están por todo el lugar, por no hablar de sus esposas. Encuentro a Emily y me muevo. Ella me hace un gesto con la mano para que entre en la habitación.
Me siento a su lado y ella toma mi mano. ¿Qué tan malo es? Le pregunto en lenguaje de señas. El esposo de Emily, Logan, es sordo, así que toda la familia habla en señas. Gracias a Dios que estas personas hablan mi idioma. Porque si abriera la boca en este momento, un gran y largo tartamudeo saldría, y nada más.
Bastante mal, responde ella.
¿Qué pasó?
Se encoge de hombros y sacude la cabeza. Se fue de la playa justo después de la boda para ir a casa. Tenía que llegar a la práctica. Ya había perdido demasiado tiempo de entrenamiento. Y en el camino desde el aeropuerto hasta su casa, tuvo un accidente.
¿Puedo hacer algo?
—Rezar —dice Paul detrás de ella.
Bueno, ahí lo tienes. Asiento. ¿Algo más?
Ella niega con la cabeza.
Pete está sentado al otro lado de la habitación con sus codos en las rodillas, la cara enterrada entre las manos. Reagan frota su espalda y habla en voz baja en su oído. Él asiente, aunque a regañadientes, y la besa rápidamente, tirándola contra él para un abrazo. Ella cae en sus brazos, como si estuviera destinada a estar allí.
¿Está bien si me quedo por un rato? Pregunto.
Emily me aprieta la mano. —Por supuesto.
Hay una conmoción en el pasillo y mis cuatro hermanas entran en la habitación. Están casi caminando de puntillas, tratando de ser silenciosas. Emily les cuenta la historia, y ellas se sientan una al lado de la otra en el suelo y se apoyan en la pared.
Las Reeds aceptan a la gente como si fueran parte de la familia. A cualquier persona. El único requisito es tener pulso. Y si no tienes un corazón, ellos te darán los suyos. Así que mis hermanas y yo ya sentimos una conexión aquí, pero no puedo dejar de pensar que deberíamos irnos y darles un poco de intimidad.
—¿Dónde están los niños? —pregunta Lark.
—Con una niñera —dice Friday.
—¿Todos ellos?
También hay un montón de niños Reed. Paul y Friday tienen dos —tres si contamos a Jacob. Y Matt y Sky tienen cuatro niños pequeños, además de Seth. Emily y Logan tienen uno.
Matt se ríe. —Lo dices como si tuviéramos nuestro propio circo.
—Bueno, si el zapato te queda —dice Lark.
Pete levanta un dedo. —Serían zapatos, en plural. Un montón de animales de circo.
¿Quieres que vayamos y cuidemos a los niños? Pregunto. Estaríamos felices de hacerlo.
Sky, la esposa de Matt, niega con la cabeza. —Vamos a ir a casa tan pronto como averigüemos lo que está pasando. Él va a estar bien. Estoy segura. —Ella me aprieta la mano.
Diez dólares a que las mujeres podrán ir a casa, pero los hermanos no. O al menos no todos ellos.
Un hombre en una bata verde entra en la habitación. —¿Familia Reed? —pregunta.
—Aquí —dicen todos a la vez. El doctor mira a su alrededor y sacude la cabeza.
—¿Familia directa? —pregunta.
—Aquí —dicen todos a la vez de nuevo.
—Adelante con eso —ladra Paul.
—Tu hermano es un hombre muy afortunado —dice el doctor mientras se saca las gafas del rostro y pasa un dedo sobre el puente de su nariz—. Se rompió la tibia, uno de los huesos de la parte inferior de la pierna, durante el accidente, y tiene una laceración en la cabeza bastante grave. Lo cosieron, fijamos la pierna, pusimos un yeso, y vamos a tener que mantenerlo por lo menos durante la noche.
—¿Por qué? —pregunta Pete.
—El médico del equipo quiere mantener un ojo sobre él.
Así que saben quién es él. Y lo que hace.
—¿Cómo lo supo el equipo?
El doctor se encoge de hombros. —Yo los llamé. —Nos echa un vistazo a todos—. Él juega béisbol profesional. —Lo dice como si fuera el Santo Grial—. Están enviando al médico del equipo para evaluarlo en la mañana.
La puerta se abre de golpe, y un par de hombres y algunas mujeres entran a la sala. Son escandalosos y ruidosos y extremadamente irrespetuosos.
—¿Aun será capaz de jugar? —pregunta uno de ellos.
El doctor niega con la cabeza. —Va a estar en la banca por un tiempo. Es una maldita lástima.
Paul desliza una mano por su cara y toma una respiración profunda.
—Algunos jugadores regresan de una lesión de este tipo —dice el doctor amablemente.
Oh, demonios, ¿hay una posibilidad de que no pueda volver a jugar?
—¿Podemos verlo? —pregunta Pete.
—Uno a la vez —dice el doctor con un asentimiento.
—¿Por cuál camino? —ladra Pete. El doctor señala.
Pete toma la mano de Reagan y la arrastra por el pasillo. —¡Sólo uno! —grita el doctor.
—Somos solo uno —le grita Pete, pero no se detiene.
—Matt, deberías ser el siguiente —dice Paul—. Tienes que ir a casa por los niños.
Matt asiente, pero dice—: También tú.
—Voy a quedarme por un rato de todos modos.
—Sabes que Pete no va a ir a casa esta noche —dice Matt.
Paul asiente. —Lo sé.
Pete y Sam son gemelos. Tienen un vínculo.
El doctor estrecha la mano de Paul y sale de la habitación. Las personas que llegaron de los últimos rodean a Paul, haciéndole preguntas. Resulta que son parte del equipo. Y las chicas son animadoras.
—Sólo la familia puede visitar —advierte Paul.
—Lo sabemos —dice una de las chicas—. Escuchamos sobre el accidente y sólo queríamos venir a ver cómo estaba. No nos quedaremos mucho tiempo.
Me siento junto a mis hermanas. —D-deberían ir a c-casa —les digo en voz baja. Hablo con mis hermanas. Siempre lo hago. Mi tartamudeo no es tan malo cuando hablo con ellas. No es tan malo como ocurre con cualquier otra persona.
—Vamos a esperar —dice Lark. Inclina la parte posterior de su cabeza contra la pared, y la ladea para poder mirarme. Toma mi mano y le da un apretón—. Él va a estar bien —dice.
Tomo una respiración.
Me siento en silencio mientras sus hermanos entran y salen. Pete y Reagan salen, y Matt y Sky entran. Y el ciclo continúa hasta que todos han tenido una visita. Pete se despide de Reagan con un beso. Parece que va a pasar la noche aquí después de todo. —Esta es una noche de bodas muy apestosa —le dice él.
—Me compensarás por ello más tarde —bromea ella. Él la abraza, y luego la acompaña a ella y al resto a los taxis que esperan afuera.
Cuando Pete regresa, me pongo de pie y limpio el trasero de mi pantalón. Debería irme a casa. No puedo hacer nada por nadie aquí.
Pete hace un gesto hacia el pasillo. —Vamos —dice. No quiere que los miembros del equipo o las porristas me vean. Me escabullo por la puerta y lo sigo por el pasillo. El olor a desinfectante me hace cosquillas en la nariz.
Cuando llegamos a la habitación de Sam, él está sentado, pero sus ojos están cerrados.
No quiero despertarlo, digo con señas.
Sonríe. —Él preguntó por ti.
Mi corazón golpea. ¿Preguntó por mí?
Asiente. —Está un poco jodido. —Sonríe—. Muy bien, está muy jodido.
Entro en la habitación y me siento en la silla junto a su cama. La mano de Sam se encuentra fuera de las sábanas, así que la tomo en la mía. Puedo ver las venas de su mano, rígidas contra su piel demasiado pálida, y muevo la línea de su intravenosa para no chocar con ella.
De repente la mano de Sam aprieta la mía. Levanto la vista y lo encuentro sonriéndome. Es una sonrisa tonta, y estoy tan malditamente feliz de verla que las lágrimas llenan mis ojos.
—No llores, pastelito —dice en voz baja.
Sus ojos apenas están abiertos, y han afeitado parte de su cabeza.
—Estoy tan contenta de que estés bien —susurro. Doy golpecitos con mi pulgar sobre la baranda, así puedo hablar sin tartamudear.
—Va a tomar más que un enorme camión con un conductor ebrio para eliminarme, pastelito. —Se ríe, pero luego se agarra la cabeza—. Eso duele —murmura.
—¿Puedo hacer algo por ti? —Tap. Tap.
—Sólo quédate por un rato.
Muevo  la silla más cerca.
—¿Dónde está Pete? —pregunta.
—No lo sé. —Tap. Tap.
—Él se casó hoy. Y jodí toda su luna de miel.
—A él no parece importarle. —Tap. Tap.
Susurra ferozmente—: ¡Está desesperado por echar un polvo!
Me río. No puedo evitarlo. —Él preferiría estar aquí.
—Si tuviera que elegir entre tener sexo asombroso con mi nueva esposa y pasar el rato conmigo, no me escogería. Estaría en casa follando a Reagan. —Su cara se pone un poco verde—. Bueno, yo no follaría a Reagan, porque eso sería asqueroso. Pero Pete debería estar en casa follando a Reagan.
Sus palabras están mal articuladas y puedo decir que le han dado medicamentos para el dolor. Pero aun así me hace reír.
—¡Oye, pastelito! —dice, como si acabara de tener una gran idea—. Estoy tan contento de que estés aquí.
—También yo —digo.
—Pensé que estabas lista para patearme en la acera.
Lo estaba. Pero cuando me enteré de que estaba herido, casi me destruyó. —Lo haría si pudiera —digo.
—¿Crees que podrías enamorarte de mí, pastelito? —exclama.
Me sorprende. Sé que está medicado, así que no debería tomar en cuenta sus palabras, pero no puedo evitarlo. —Deberías descansar un poco —digo. Tap. Tap.
—Así que, eso sería un no. —Silba. Luego arruga su cara cuando eso hace que le duela la cabeza—. Estoy en problemas —susurra en voz baja.
—¿Qué?
Me aprieta la mano. —Estoy bastante seguro de que estoy enamorado de ti, pastelito —dice—. Me gustaría que también pudieras amarme.
—Has tomado un montón de medicamentos para el dolor —digo.
De repente, agarra el cuello de mi camiseta y me tira para que caiga en su pecho. Sus labios están justo al lado de los míos. —Escúchame —dice.
—Está bien —susurro.
—No tengo mucho para mí, pero sé cómo se siente el amor.
—¿Cómo?
—Solo es así, pastelito. No consigues escoger de quien te enamoras. Y Dios lo sabe, si mi cabeza pudiera elegir, no serías tú.
Me empujo lejos de su pecho, porque estoy ofendida. Pero él me sostiene con fuerza.
—Tú no eres fácil de amar, porque no me puedes amar de vuelta. Pero podrías hacerlo algún día. Esperaré. Pero tienes que empezar a tomar mis llamadas. —Él ahueca la parte trasera de mi cabeza y lleva mi rostro hacia el suyo. Una tos desde la puerta nos sobresalta. Me levanto y bajo mi camiseta donde él la subió.
—Las horas de visita han terminado —dice una enfermera.
—No es una visitante —dice él. Ella se acerca e inserta una aguja en la intravenosa, y sus ojos se cierran. No los abre cuando dice—: Ella va a casarse conmigo algún día. Es solo que no lo sabe aún. —Su cabeza cae hacia un lado y empieza a roncar suavemente. Su mano se afloja en torno a la mía.
Me aparto de nuevo, mi corazón latiendo como loco.
—Dicen algunas de las cosas más ridículas cuando están medicados. —La enfermera sacude la cabeza—. Probablemente no recordará nada de esto mañana.
Pete entra en la habitación. —¿Todo bien? —pregunta. Mira de Sam hacia mí y de vuelta.
—Sólo le di algunos medicamentos para el dolor —dice la enfermera.
Me voy a ir, le digo en señas. Me giro cuando llego a la puerta. ¿Llamarás si algo sale… mal?
Él asiente. —Voy a ir a tomar un café mientras está dormido.
Voy al baño público y hundo la espalda contra la pared. Él fue medicado. No quiso decir nada de eso. ¿Verdad? No pudo haberlo hecho. Me quedo ahí hasta que mi corazón se deja de sentir como si va a salirse de mi pecho. Necesito ir y decirle que sí tengo sentimientos por él. ¿Qué pasa si algo sale mal durante la noche y no puedo decírselo mañana? Necesito que lo sepa.
Voy de regreso a su habitación y me detengo en la puerta. Hay una chica sentada al lado de su cama. Está sosteniendo su mano y hablando con él. Él sonríe y dice—: Lo digo en serio. Voy a casarme contigo.
Mi corazón se sacude. Bien podría haberme apuñalado con un cuchillo.
Me giro y me voy. No me encuentro con Pete, y mis hermanas me esperan.
—¿Qué pasó? —pregunta Lark cuando entramos al taxi.
Limpio una lágrima de mi mejilla que serpentea un camino caliente por mi cara. —N-nada.
—¿Hablaste con él?
Asiento.
—¿Y? —chilla Wren.
—Y-y la a-animadora se encuentra con él ahora.
—Oh —dice Wren.
—Sí —digo.
Soy una idiota.


¡Estoy ansiosa por este libro! ¿Ustedes que opinan?



4 comentarios:

  1. Oh dios oh dioooos!!! Necesitó ya este libro, sam era uno de los que mas me llamaba la atencion y ahora después de leer este pedacito, todavía mas!! Cuanto estaria faltando para poder tenerlo en español?

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    1. Yo adoro a todos los Reed!! Los foros de traduccion no dan fechas de pdf, pero imagino que pronto lo tendremos, igualmente en cuanto lo tengo lo subire al blog,no te preocupes!
      Saludos!!

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  2. Me encanta! Deseando leerlo entero! Gracias por tu labor Mj! Bsss

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    1. De nada Pilar! Yo tambien lo estoy esperando *.*.
      Un abrazo!

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